jueves, 15 de diciembre de 2011

TIERRA SANTA XXXVII - La Biblia viva

Autor: Oficina Nacional Israeli de Turismo | Fuente: www.turisrael.com
La Biblia viva
Hay tres lugares en Israel, en donde la naturaleza y la cultura de la época bíblica han sido preservadas
La Biblia viva
La Biblia viva
Hay tres lugares en Israel, en donde la naturaleza y la cultura de la época bíblica han sido preservadas, para darnos una idea de cómo era el paisaje, cuáles eran los animales y cómo vivían los hombres de ese tiempo.


Hai Bar

Esta reserva de animales es un intento de restaurar antiguas especies, algunas de ellas amenazadas de extinción. Se encuentra junto al Kibutz Yotvata, a algunos kilómetros antes de llegar a Eilat, en la parte más sur de Israel.

Este es un proyecto especial, iniciado en 1960 sobre un terreno de 12 km. cuadrados. La mayoría de los animales de la reserva son herbívoros, y notable entre ellos, el oryx blanco, un rumiante de largos cuernos rectos, que dio origen a una leyenda: Los cruzados europeos para los que éste animal blanco, del tamaño de un caballo, era totalmente desconocido, habrían observando desde lejos el perfil del oryx y al no diferenciar los dos cuernos, hicieron surgir a un animal legendario, inexistente, el unicornio.

El asno salvaje, u onagro, se aclimató y reprodujo tan bien en esta reserva, que en 1968 ya fue posible liberar un rebaño de ellos y devolverlos a la naturaleza, en el cráter Ramón. El recuento que se hace cada año de los ejemplares de este rebaño, nos muestra que gozan de buena salud y su número va en aumento.

En Hai Bar hay también algunos carnívoros, y avestruces. A fines de 1992, las autoridades de la reserva inauguraron un lugar especial, donde es posible observar la vida nocturna en el desierto.


Neot Kedumím

Esta es otra reserva, pero solamente vegetal y cultural. En la región de Ben Shemen, cerca del aeropuerto Ben Gurión, entre Tel Aviv y Jerusalén, se ha plantado un parque con especies de plantas mencionadas en la Biblia y el Talmud, con una arquitectura paisajista destinada a reproducir los entornos naturales de las diversas regiones de la Tierra Santa, tal como se describen en esas fuentes.

Pero no solamente las plantas en su hábitat de la época se han plantado aquí con una habilidad tan sorprendente, que el visitante no puede sospechar que algún árbol no creció aquí desde siempre. También hay ojeadas a la cultura antigua: Torres para cuidar los viñedos, canales de agua, terrazas de piedra para evitar la erosión, cisternas y sistemas antiguos de conservación del agua, un molino de aceite y una prensa de vino, todo en el estilo y estructura del pasado, basado en las investigaciones arqueológicas y con un criterio científico estricto. Se han habilitado itinerarios para minusválidos dentro de la reserva.


Kefar Kedem

Cerca de Nazareth, en Mizpe Hosha’aya, nos encontramos con una aldea bíblica. ¿Qué ha ocurrido? Ha retrocedido el tiempo en 2000 años. Todos los habitantes visten a la usanza de los tiempos de Jesús, según nos cuenta la historia.

Se puede vivir una jornada junto con sus "antiguos pobladores" realizando las labores de acuerdo a antiguas técnicas. Pero lo primero es olvidar nuestra indumentaria y vestir con túnicas de tejidos naturales, hechas a mano. Un pañuelo en la cabeza es fundamental si el día es especialmente cálido. Después, se pueden ordeñar ovejas, arar la tierra, cosechar, preparar vino, harina, la comida. Una experiencia, tal vez, agotadora pero sumamente gratificadora. Especialmente destinado a los niños.

TIERRA SANTA XXXVI - Yad Vashem

Autor: Israel Ministry of Foreing Affairs
Yad Vashem
El objetivo de Yad Vashem es perpetuar la memoria y las enseñanzas del Holocausto para las generaciones venideras
Yad Vashem
Yad Vashem
"Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá." (Isaías 56:5)

Yad Vashem, la Autoridad Nacional para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto, fue creada en 1953 por ley de la Kneset (el parlamento israelí) para conmemorar a los seis millones de hombres, mujeres y niños judíos asesinados por los nazis y sus colaboradores entre 1933 y 1945. La Autoridad conmemora también el heroísmo y la resistencia de los partisanos judíos y de los combatientes de las rebeliones de los guetos, así como las acciones de los "Justos de las Naciones" (los no judíos que salvaron a judíos).

Ubicado en Har Hazikarón (en hebreo, el Monte de la Conmemoración), una loma en el extremo oeste de Jerusalem, el Instituto y Memorial Yad Vashem incluye varios monumentos conmemorativos, un museo histórico, un archivo central y un centro de investigación y documentación del Holocausto.

El objetivo de Yad Vashem es perpetuar la memoria y las enseñanzas del Holocausto para las generaciones venideras.

Las ceremonias oficiales centrales se realizan anualmente en Yad Vashem en el Día del Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto, que de acuerdo con el calendario hebreo cae el 27 de Nisán (el 2 de mayo, este año), aniversario del comienzo de la Rebelión del Gueto de Varsovia en 1943.

El principal monumento de Yad Vashem es la Cripta del Recuerdo (Ohel Yizkor). Esta severa estructura de paredes de cemento, con un techo bajo como el de una tienda, está vacía a excepción de la llama eterna. Sobre el piso de basalto negro se han grabado los nombres de 21 campos de exterminio, campos de concentración y lugares de matanza nazis en la Europa Central y del Este. Una bóveda ubicada frente a la llama contiene cenizas de las víctimas.

El acceso a la Cripta del Recuerdo está bordeado por árboles plantados en honor de los hombres y mujeres no judíos, los "Justos de las Naciones", que arriesgaron sus vidas para tratar de salvar judíos. Algunos árboles fueron plantados para honrar a clérigos cristianos, entre ellos un sacerdote franciscano de Asís, el obispo de la isla griega de Zakinthos, una monja polaca de Lituania y un pastor protestante francés. Más de 16.000 personas han sido honradas con el título de "Justos entre las Naciones".

En el Holocausto perecieron aproximadamente 1.500.000 niños judíos, que son especialmente recordados en el cercano Memorial de los Niños, una gruta subterránea en la cual las llamas titilantes de los cirios recordatorios se reflejan hasta el infinito en pequeñas lucecitas que se destacan en la oscuridad reinante.

El elemento central de Yad Vashem es el Museo Histórico que expone la historia del Holocausto a través de fotografías, objetos, documentos y recursos audiovisuales. La presentación, que es cronológica, muestra el avance de la política nazi antijudía, desde la persecución hasta la guetización y los asesinatos masivos sistemáticos. Allí se despliega también la historia de la resistencia judía contra el Holocausto, incluido el heroísmo de los partisanos judíos.

La colección del archivo Yad Vashem, el más grande y extenso en el mundo sobre el Holocausto, incluye 55 millones de páginas de documentos, cerca de 10.000 fotografías, filmes y vídeos con testimonios de los sobrevivientes. La biblioteca contiene más de 80.000 títulos, miles de periódicos y una gran cantidad de raros documentos.

El Instituto Nacional para la Investigación del Holocausto coordina y subvenciona investigaciones a nivel nacional e internacional, organiza conferencias y coloquios y publica una variedad de importantes trabajos sobre el Holocausto, incluidos diarios y memorias. Hasta el presente, el instituto ha publicado 18 de los 32 volúmenes proyectados de la Enciclopedia de las Comunidades (Pinkasei Hakehilot), un compendio histórico-geográfico de cada comunidad judía que fuera destruida por los nazis y sus colaboradores.

Uno de los objetivos fundamentales de Yad Vashem es la educación. La escuela Internacional para Estudios del Holocausto realiza anualmente cursos para más de 100.000 estudiantes, 50.000 soldados y miles de educadores. Los cursos para docentes se llevan a cabo en siete idiomas además del hebreo y la escuela envía también a su equipo profesional al exterior, para promover el estudio sobre el Holocausto.

El cardenal Tauran fue el enviado papal a la inauguración del Museo del Holocausto
en Jerusalén (15 de marzo de 2005)

TIERRA SANTA XXXV - La Virgen del Carmen: estrella de los mares

Autor: P. Jesús Martí Ballester
La Virgen del Carmen: estrella de los mares
La orden del Carmelo y el uso del escapulario.
La Virgen del Carmen: estrella de los mares
La Virgen del Carmen: estrella de los mares
El Carmelo, cuya hermosura ensalza la Biblia, ha sido siempre un monte sagrado. En el siglo IX antes de Cristo, Elías lo convirtió en el refugio de la fidelidad al Dios único y en el lugar de los encuentros entre el Señor y su pueblo (1R 18,39). El recuerdo del Profeta «abrasado de celo por el Dios vivo» había de perpetuarse en el Carmelo.

Durante las Cruzadas, los ermitaños cristianos se recogieron en las grutas de aquel monte emblemático, hasta que en el siglo XIII, formaron una familia religiosa, a la que el patriarca Alberto de Jerusalén dio una regla en 1209, confirmada por el Papa Honorio III en 1226. El Monte Carmelo está situado en la llanura de Galilea, cerca de Nazaret, donde vivía María «conservándolo todo en su corazón». Por eso la Orden del Carmelo desde sus orígenes, se ha puesto bajo el patrocinio de. la Madre de los contemplativos.

Es natural que en el siglo XVI, los dos doctores y reformadores de la Orden, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, convirtieran el Monte Carmelo en el signo del camino hacia Dios. Hoy pide la liturgia al Señor que nos haga llegar, gracias a «la intercesión de la Virgen María» «hasta Cristo, monte de salvación».

ESTRELLA DEL MAR

Desde aquellos eremitas que se establecieron en el monte Carmelo, los Carmelitas se han distinguido por su profunda devoción a la Santísima Virgen, interpretando la nube que vio el criado de Elías: "Sube del mar una nubecilla como la palma de la mano" (1Re 18,44), como un símbolo de la Virgen María.

Como los antiguos marineros, que leían las estrellas para marcar su rumbo en el océano, María como estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles del mundo, hacia el puerto seguro que es Cristo. Cuando Palestina fue invadida por los sarracenos, los Carmelitas tuvieron que abandonar el Monte Carmelo.

Una tarde gozosa, mientras cantaban la Salve, se les apareció la Virgen y les prometió que sería su Estrella del Mar, por la analogía de la belleza del Monte Carmelo que se alza como una estrella junto al mar Mediterráneo, dando cumplimiento a la profecía de Zacarías: "Aquel día se unirán al Señor muchos pueblos y se harán pueblo mío" (Zacarías 7,14).

DIFUSIÓN DE LA ORDEN

La Orden se difundió por Europa, y la Estrella del Mar les acompañó en la propagación de la orden por el mundo, y el pueblo les llamaba "Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en su honor, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella a Cristo.

Año 1246. Inglaterra. Simón Stock, nombrado general de la Orden Carmelitana, comprendió que, sin una intervención de la Virgen, la Orden se extinguiría pronto. En esta situación de angustia, recurrió a María, a la que llamó "Flor del Carmelo" y "Estrella del Mar" y puso la Orden bajo su amparo, y le suplicó su protección para toda la comunidad.

En respuesta a su oración, el 16 de julio de 1251 se le apareció la Virgen y le dio el escapulario para la Orden con la siguiente promesa: "Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera con el escapulario no sufrirá el fuego eterno".

LA VENTANA DE RAJAB

El libro de Josué, nos narra la conquista de Jericó por Josué y los israelitas: "Al entrar nosotros en el país, dijeron los espías a Rajab, la prostituta de Jericó, ata esta cinta roja a la ventana, y a tu padre y tu madre, a tus hermanos y toda tu familia, los reúnes aquí en tu casa y nosotros respondemos de vuestra vida. Esta ciudad se consagra al exterminio. Sólo han de quedar con vida la prostituta Rajab y todos los que están en su casa con ella... Los espías fueron y sacaron, a su padre y hermanos y Josué les perdonó la vida" (Jos 2,14).

SÍMBOLOS Y BANDERAS

Los hombres nos comunicamos por símbolos, banderas, himnos, escudos y uniformes, que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios. Los laicos que desean asociarse a los religiosos en el camino de la santidad, pueden usar el escapulario, miniatura de hábito otorgado por la Virgen que, con el rosario y la medalla milagrosa, es uno de los más importantes sacramentales marianos.

Como la cinta roja en la ventana de Rajab fue para los hebreos la señal para salvar del extermino a ella y a su familia, el escapulario del Carmen, es para los que lo llevan, su señal de predestinación. Dice San Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia:

"Los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, y la Virgen está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios."

El escapulario ha sido constituido por la Iglesia como sacramental y signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción, y que propicia la renuncia del pecado.

EL ESCAPULARIO ACREDITADO

Muchos Papas, santos como San Alfonso Ligorio, San Juan Bosco, San Claudio de la Colombiere, y San Pedro Poveda, tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y llevaban el escapulario. Juan Pablo II, que quiso ser carmelita, ha manifestado que lleva el escapulario de la Virgen, como Terciario Carmelita que ha profesado.

Los teólogos han explicado que según la promesa de la Virgen, quien tenga impuesto el escapulario y lo lleve, recibirá de María a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia final.

COMPROMISO

Para el cristiano, el escapulario es una señal de su compromiso de vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo de la Virgen Santísima y el signo del amor y la protección maternal de María, que envuelve a sus devotos en su manto, como lo hizo con Jesús al nacer, como Madre que cobija a sus hijos.

Cubrió Dios con un manto a Adán y Eva después del pecado; Jonatán dio su manto a David en señal de su amistad, y Elías le dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida. San Pablo nos dice que nos revistamos de Cristo, con el vestido de sus virtudes.

El escapulario es el signo de que pertenecemos a María como sus hijos escogidos, consagrados y entregados a ella, para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón.

En el himno de la carta a los Efesios (1,3), oración de bendición a Dios Padre, San Pablo delinea las diferentes etapas del plan de salvación a través de la obra de Cristo.

En el centro resuena la palabra griega «mysterion», un término asociado a los verbos que hacen referencia a la revelación «revelar», «conocer», «manifestar»). Este es el gran proyecto secreto que el Padre había custodiado en sí mismo desde la eternidad y que había decidido actuar y revelar «cuando llegase el momento culminante» en Jesucristo, su Hijo. En el himno aparecen salpicadas las acciones salvíficas de Dios por Cristo en el Espíritu.

El Padre nos escoge desde la eternidad para que seamos santos e irreprochables en el amor, después nos predestina a ser sus hijos, nos redime y nos perdona los pecados, nos desvela plenamente el misterio de la salvación en Cristo, y nos da la herencia eterna, ofreciéndonos ya desde ahora como prenda el don del Espíritu Santo prenda de la resurrección final.

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Intervienen las tres personas de la Santísima Trinidad, el Padre, que es el iniciador y el artífice supremo del plan de salvación; el Hijo, que realiza el designio en la historia; y el Espíritu Santo que imprime su «sello» a toda la obra de salvación.

El primer gesto divino, revelado y actuado en Cristo, es la elección de los creyentes, iniciativa libre y gratuita de Dios. En el principio, «antes de crear el mundo», en la eternidad de Dios, la gracia divina está dispuesta a entrar en acción.

Me conmuevo meditando que desde la eternidad estamos ante los ojos de Dios que ha decidido salvarnos. Llamada a la «santidad», gran palabra. Santidad. Participación en la pureza del Ser divino. Como Dios es caridad, participar en la pureza divina es participar en la «caridad» de Dios, conformarnos con Dios que es «caridad». «Dios es amor» (1 Juan 4, 8.16), esta es la verdad consolante que nos permite comprender que «santidad» no es una realidad alejada de nuestra vida, sino que, en la medida en que podemos convertirnos en personas que aman con Dios, entramos en el misterio de la «santidad».

El «ágape» se convierte en nuestra realidad cotidiana. Somos llevados por tanto al horizonte sacro y vital del mismo Dios. Igualmente es contemplada por el plan divino desde la eternidad: nuestra «predestinación» a hijos de Dios. No sólo criaturas humanas, sino hijos de Dios.

Pablo exalta esta sublime condición de hijos que implica y se deriva de la fraternidad con Cristo, el hijo por excelencia, «primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8, 29) y de la intimidad con el Padre celestial que ya puede ser invocado como «abbá», al que podemos llamarle «padre querido», con un sentido de auténtica familiaridad con Dios, con una relación de espontaneidad y de amor, don inmenso, hecho posible por «pura iniciativa» divina y de la «gracia», luminosa expresión del amor que salva.

San Ambrosio, en una carta subraya la gracia sobreabundante con la que Dios nos ha hecho hijos adoptivos suyos en Jesucristo. «No hay que dudar de que los miembros estén unidos a su cabeza, en particular porque desde el principio hemos sido predestinados a la adopción de hijos de Dios, por medio de Jesucristo» («Carta XVI a Ireneo», «Lettera XVI ad Ireneo).

«¿Quién es rico si no Dios, creador de todas las cosas?». «Pero es mucho más rico en misericordia, pues nos ha redimido y trasformado, a quienes según la naturaleza de la carne éramos hijos de la ira y sujetos al castigo, para que fuésemos hijos de la paz y de la caridad».

PIO XII Y EL ESCAPULARIO

En 1950 el Papa Pío XII escribió "que el escapulario sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos".

Quien usa el escapulario debe ser consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras. Dice Jesús: "Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera". (Mt 11:29). El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar, pero que María nos ayuda a llevar.

El escapulario es un signo de nuestra identidad como cristianos, vinculados íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación, lo que exige que seamos pobres, castos y obedientes por amor.

Al usar el escapulario constantemente estamos haciendo silenciosa petición de asistencia a la Madre, y ella nos enseña e intercede para conseguirnos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos, y nos está recordando que nuestra meta es el cielo y que todo lo de este mundo pasa. En la tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre.

Kilian Lynch, antiguo general de la Orden dice: "No lleguemos a la conclusión de que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos...Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la omnipotencia suplicante de la Madre de la Misericordia."

MEDALLA-ESCAPULARIO

El primer escapulario debe ser bendecido e impuesto por un sacerdote con esas palabras: "Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna".

En 1910, a petición de los misioneros en los países del trópico, donde los escapularios de tela se deterioran pronto, el Papa Pío X declaró que una persona que ha recibido el escapulario de tela puede llevar la medalla-escapulario en su lugar, si tiene razones legítimas para sustituirlo.

PRIVILEGIOS

La Virgen ha prometido sacar del purgatorio el primer sábado después de la muerte a la persona que muera con el escapulario.

Esta gracia es conocida como el Privilegio Sabatino y tiene su origen en una bula del Papa Juan XXII otorgada el 3 de marzo de 1322, después de una aparición de la Virgen al mismo Papa, en la que prometió para aquellos que cumplieran los requisitos de esta devoción que "como Madre de Misericordia, con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza".

Las condiciones para gozar este privilegio son llevar el escapulario con fidelidad, guardar la castidad de su estado, rezar el oficio de la Virgen o los cinco misterios del rosario. El Papa Pablo V confirmó en un documento oficial que se podía enseñar este privilegio sabatino a todos los creyentes.

FÁTIMA Y EL ESCAPULARIO

En la última aparición de Fátima, octubre de 1917, día del milagro del sol, la Virgen vino vestida con el hábito carmelita y con el escapulario en la mano. El Papa Pío XII, que recomendó frecuentemente el Escapulario, en 1951, 700 aniversario de la aparición de Nuestra Señora a San Simón Stock, ante una numerosa audiencia en Roma, exhortó a vestir el Escapulario como "Signo de Consagración al Inmaculado Corazón de María, que nos marca como hijos escogidos de María y se convierte para nosotros en un "Vestido de Gracia".

PLEGARIA

“Madre del Carmelo: Tengo mil dificultades, ayúdame. De los enemigos del alma, sálvame. En mis desaciertos, ilumíname. En mis dudas y penas, confórtame. En mis enfermedades, fortaléceme. Cuando me desprecien, anímame. En las tentaciones, defiéndeme. En horas difíciles, consuélame. De mis pecados, perdóname. Con tu corazón maternal, ámame. Con tu inmenso poder, protégeme en tus brazos de Madre, al expirar, recíbeme. Virgen Santísima del Carmen, ruega por nosotros. Amén."

TIERRA SANTA XXXIV - El secreto de Tierra Santa

Autor: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net
El secreto de Tierra Santa
Lugares de Tierra Santa, no sé cómo guardaros aquí dentro, dentro de mí
El secreto de Tierra Santa
El secreto de Tierra Santa
Por su geografía y cultura, es punto de encuentro de las antiguas civilizaciones de Egipto y Mesopotàmia, ese pequeño país de paso fue conquistado y dominado por los persas, griegos, romanos, imperio Otomano, Bizancio, los cruzados, los turcos... Edificado y destruido muchas veces, es una tierra en continua construcción. El secreto de esta Tierra santa es que ahí estuvo Jesús, y por ello ahí está el eterno conflicto (dice Covadonga O’Shea en su libro “Un viaje a Tierra Santa”). Ahí están los Santos Lugares, en medio de un cúmulo de riqueza arqueológica, antropológica y religiosa. Es la tierra de Abraham, que fundó el pueblo de los creyentes; de Moisés que lo volvió a fundar (aunque él no llegara más que a las puertas de la tierra prometida); de los Profetas y sobre todo del Rey David, aquel antecesor e imagen de Cristo 1000 antes de que llegara el Mesías. La capital de Israel, Jerusalén, gira en torno a un monumento que ya no existe: el Templo de Salomón, reconstruido y ampliado lujosamente por Herodes el Grande, para guardar un Arca de la Alianza que tampoco existía en aquel entonces.

Los cristianos de Tierra Santa piden hoy ayuda del resto de la Iglesia, y el Viernes Santo se celebra la Colecta por los Santos Lugares, es una ocasión de vivir la solidaridad con esta Tierra donde hay una presencia pequeña de seguidores de Jesús, en las distintas confesiones: un 2% del total de la población. En medio de tensiones territoriales de hebreos y palestinos, muchos han de emigrar pues no aguantan la presión y la discriminación que ahí tienen los cristianos. Orar y trabajar por la paz de los Santos Lugares es tarea de todos. Esta Colecta en favor de Tierra Santa ya se hizo en tiempos de San Pablo ante las dificultades de entonces (1 Cor 16, 1-3).

La arqueología bíblica tiene como objetivo conocer la verdad, dar el contexto histórico-geográfico de la Palestina del tiempo de Jesús, y sobre Jesús y sus paisanos. No pretende “hacer creyentes”, su finalidad es mostrar las fuentes, la palabra escrita en la piedra, que completa la que está escrita en los libros, la memoria de las gentes, sus corazones. Aunque no deja de tener emoción mística y/o también estética poder contemplar las mismas calles y casas que vieron los ojos de Jesús en Galilea, y monedas y utensilios de todo tipo que encuadran las palabras de Jesús en el ambiente que se va desvelando con esta ciencia histórica. El círculo de esos yacimientos se va ampliando día a día. Van iluminando así los relatos del Evangelio y la descripción más detallada de Flavio Josefo. El desierto de Judá también es mina de datos históricos (capítulo aparte son los manuscritos de Qumrán, papiros de Murabbaat y Nahal Hever).

En los siglos IV-VI, ya muchos cristianos eligen vivir en Palestina: monjes como Teodoro, Cantón, Sabas, escritores como Jerónimo, Rufino, nobles matronas como Paula o emperatrices como Eudoxia. Palestina se fue convirtiendo en una Tierra-Santuario. De todo esto se salvó bien poco cuando en 614 los persas y en 636 las tribus islámicas lo destruyen, y todo queda en abandono. Los siglos XII-XIII fueron de cruzadas, nuevas construcciones y destrucciones. Singular papel jugaron en los siglos posteriores los monjes griegos, armenios y franciscanos en la custodia de los lugares santos, y atención de los peregrinos –pocos- que se atrevían a ir. Por fin, gracias a los incrédulos racionalistas “científicos” del siglo XIX, la ciencia arqueológica avanzó en el sentido de que sí, de que todo era auténtico: aparecen osarios con cruces y nombres cristianos, grafitos en paredes sepulcrales de la comunidad cristiana de los siglos I-V.

Los últimos yacimientos más extraordinarios son quizá los referentes a las casas de María y Pedro. En Nazaret se descubre la primera atestación de culto mariano, siglos II-III. Ya el Anónimo de Piacenza, que visitó Tierra Santa en el siglo VI, escribe: "La casa de Santa María es una basílica y se suceden muchas curaciones". Fue una sorpresa cuando al remover los mosaicos de la iglesia bizantina para restaurarlos, se vieron los escombros de debajo, como era habitual se ponían ahí los restos no aprovechados de la antigua construcción, en este caso edificio sinagogal de los siglos III-IV, las inscripciones mostraban que era un lugar de culto cristiano: “AVE MARIA”, “SOBRE EL LUGAR SAGRADO DE MARIA HE ESCRITO”. Así, la actual basílica de la Anunciación de Nazaret, construida sobre la cruzada y ésta sobre otras más antiguas, es una cadena de lugares de culto que se han sucedido a través de la historia. La tradición está viva y vincula las personas de la actual comunidad cristiana con los parientes de Jesús. Otro sensacional hallazgo es la casa de San Pedro en Cafarnaún. La basílica octogonal bizantina había sido erigida sobre una capilla anterior, la domus-ecclesia de la que habla la peregrina Egeria en el siglo IV: "En Cafarnaún, la casa del Príncipe de los Apóstoles ha sido convertida en iglesia; sus paredes están hoy como entonces fueron". El nivel inferior pertenecía al primer siglo.

Son muchos otros los lugares donde van emergiendo pruebas históricas. El arqueólogo ha visto en sus excavaciones de los lugares santos de Palestina cómo hay una veneración con señales de continuidad histórica (dentro de la continua construcción/destrucción de santuarios en esos lugares, de la historia de esas persecuciones). Esa continuidad de presencia cristiana como garantía de devoción de esos lugares, “va desde los primeros discípulos de Jesús hasta nuestros días” (Miguel Piccirillo). La Iglesia del Santo Sepulcro es como la huella silenciosa del paso de Dios por la tierra, como decía Juan Pablo II: “lugares de la Tierra, Lugares de Tierra Santa, no sé cómo guardaros aquí dentro, dentro de mí. No sé como pisaros, no puedo: arrodillarme quiero ante vosotros. Doblo la rodilla y callo. Algo mío te quedará tierra, te quedará mi silencio. Y mientras tanto te llevo dentro para ser como tú lugar de testimonio. Me voy, me marcho como testigo, me voy para atestiguar lo que ha pasado a través de los milenios”.

TIERRA SANTA XXXIII - Tierra Santa: Lugar para la esperanza

Autor: Angel Gutiérrez Sanz | Fuente: Revista Arbil
Tierra Santa: Lugar para la esperanza
Escenario de grandes acontecimientos
Tierra Santa: Lugar para la esperanza
Tierra Santa: Lugar para la esperanza


Tierra Santa,no tiene que estar constreñida por ningún Estado, ni entidad política alguna, puesto que es el escenario donde tuvieron lugar los acontecimientos religiosos más importantes de toda la Historia de la Humanidad.

La historia del hombre transcurre entre el recuerdo y la esperanza, pues el presente antes de ser pensado se desvanece y deja de ser presente. Así es el tiempo. Según se dice los recuerdos pertenecen al pasado en tanto que las esperanzas son cosa del futuro. Lo normal es que los recuerdos vayan quedando sepultados con el paso del tiempo; pero a veces se alimentan de esperanzas, al menos ese es mi caso por lo que se refiere a Tierra.

Son muchos los motivos e intereses que pueden impulsar al viajero a visitar esta franja de terreno del Oriente Medio situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, fronteriza con Egipto, Líbano, Siria y Jordania, pequeña porción de terreno ésta, que no rebasa los 27.000 Km. cuadrados de extensión, aproximadamente lo que correspondería a una de nuestras provincias como Badajoz. Aún así su importancia estratégica es grande, toda vez que se constituye en bisagra de tres continentes como son Africa, Europa y Asia.

En esta pequeña porción de terreno aparecen superpuestas tres entidades territoriales bastante diferentes entre sí. El Estado de Israel, el Estado Palestino, y un emplazamiento territorial conocido con el nombre de Tierra Santa, que no es Estado, ni entidad política alguna, sino el escenario donde tuvieron lugar los acontecimientos religiosos más importantes de toda la Historia de la Humanidad. Cada una de estas entidades territoriales superpuestas, puede constituirse por sí misma en objetivo atractivo para el viajero. Naturalmente para el cristiano, el interés se centra en la tierra elegida por Dios, donde nos encontramos con lugares emblemáticos, en los que acontecieron hechos portentosos. Tierra de Abraham, tierra de los patriarcas y profetas y sobre todo Tierra de Jesús y de María, donde se hunden las raíces de nuestra fe y esperanzas cristianas.

Según el punto de vista que se tome, la imagen que se ofrece de esta tierra puede ser diferente, sin que se agote nunca su rico potencial. La versión que yo ofrezco es en clave de esperanza. Algo así como una proclamación de la esperanza cristiana a través de la experiencia personal en mi paso por Tierra Santa. Me pregunto si no resulta un poco inoportuno y paradójico hablar de esperanza en estos momentos en los que las cosas no andan nada bien por estas tierras; pero ante los ojos humanos ¿ no son acaso paradójicas nuestra fe y esperanza cristiana?

La impresión personal, la que a mi me ha quedado, es la de que los caminos de Tierra Santa conducen al reencuentro con nuestro Dios, que nos llevan a confiar más en El, que nos introducen inexorablemente en el secreto de la esperanza. Y esto es algo que en estos momento no nos viene nada mal a los cristianos que a veces nos mostramos tristes, cansados y nos vemos en peligro de sucumbir ante la tentación de la desilusión.

Al poner los pies en esta Sagrada Tierra uno siente la necesidad de remontarse hasta sus orígenes, que se desvanecen en los capítulos del Génesis, escritos bajo el signo de la promesa y de la esperanza. Uno no puede por menos de pensar que se encuentra en la Tierra de Promisión, polo magnético, centro de una religiosidad universal, lugar donde Yahvé en tono cercano y familiar dejó oír su voz, para conversar y sellar su pacto con los hombres.

Estamos hablando de Canáan tierra prometida por Yahvé, la elegida como morada de su pueblo, para que en ella brillara la luz del cielo que habría de iluminar a un mundo en tinieblas. Esta fue la tierra de Abraham que supo ser fiel a su Dios, esperando contra toda esperanza en sus promesas, al que hoy veneramos como padre de los creyentes y modelo de la esperanza en Dios. Con él se inicia el régimen de la Promesa Divina que habrá de alentar a su puebla en su larga historia de esperas y esperanzas. La figura de Abraham ascendiendo hacia el monte Moira le producía admiración y temblor al filósofo danés Kierkegaard. La situación trágica en la que se encuentra el patriarca hebreo, cuando ya no hay lugar para ninguna conjetura humana, resulta francamente aterradora; a pesar de todo él supo mantenerse firme en la esperanza y seguir creyendo en la promesa que provenía de lo Alto. Cuando el peregrino contempla el monte Moira, siente que un nervioso escalofrío le sacude el cuerpo imaginando la escena de una padre dispuesto a sacrificar a su propio hijo, por mandato divino y no puede por menos que decir "spero, quia abasurdum est."

A lo largo de los años las situaciones en que Dios va poniendo a prueba la confianza de su pueblo va a ser una constante de su historia. Durante cuarenta años estaría Moisés bagando con sus gentes por el desierto, en espera de que se cumpliera la promesa divina de tener un lugar propio para vivir, de un refugio que les pusiera a salvo de sus enemigos. Una buena tierra para poder morar a la sombra del Altísimo, el mismo que con fortaleza y mano fuerte les había sacado de Egipto. Cuarenta años errando por el desierto, muchos años de ilusiones y desengaños de esperanzas y desesperanzas. Tiempos duros en los que Yahvé como guardián celoso va guiando a su pueblo y cuidándole como la niña de sus ojos cual águila que revolotea y extiende sus alas obre su nidada. Días difíciles en los que lentamente transcurren las horas. Largas noches silenciosas en el desierto en las que Moisés rumiaba la promesa divina capaz de alimentar sus sueños de esperanza, cuando todo se le ponía en contra. Hermosa visión idílica la de esa tierra prometida bajo la bendición de Dios, que hacia imaginar a Moisés un segundo Edén, que él nunca habría de conocer y lo sabía. A las puertas se habría de quedar, de una tierra de tantas ansias y deseos, siempre lejana siempre remota, la misma a la que llegan, viajeros de todo el mundo después de un corto y cómodo viaje en avión,

Lo que primero aparece a la vista del peregrino es algo bien distinto de la visón idílica de Moisés. Lo que aquí se ve es una tierra pedregosa y calcinada, cuyos rastrojos hacían suponer los escasos frutos de la última cosecha; pero como aquí todo hay que interpretarlo bajo el signo de la esperanza, se puede vislumbrar en lontananza prometedores vergeles, en forma de plantaciones frondosas, hurtados al desierto. Tal es el milagro que frecuentemente se produce, cuando las lanzas y las espadas se transforman en arados y podaderas.

David Bengurión hace tiempo que había dejado sentenciado que en Israel para ser realista se debe creer en los milagros. A mi me gustaría decir algo que viene a ser muy parecido. Para poder entender la historia milenaria de esta tierra, hay que saber lo que ha supuesto para el pueblo de Israel un tipo de esperanza al borde de lo imposible. La esperanza que permite seguir creyendo en lo que humanamente es absurdo. Esta esperanza ha sido la actitud fundamental del hombre bíblico. A diferencia de otros pueblos, la historia de Israel es una historia abierta a la esperanza es una historia abierta al futuro. El secreto para poder entender al hombre bíblico hay que buscarle en el Dios de la esperanza. Una esperanza fundada en la fe que permite seguir soñando en unos tiempos nuevos en los que "el lobo cohabite pacíficamente con el cordero, el leopardo se acueste con el cabrito, el león coma con el becerro y que un niño les pastoree".

Esta Tierra de Promisión que aparece ante los ojos del peregrino lejana y remota se torna cercana y entrañable cuando piensa que es también la tierra de Jesús. Ante la imposibilidad de ir rastreando las huellas de su presencia física por todos los santos lugares en los que él estuvo, hemos de optar por hacer una selección, centrándonos en aquellos que tienen una especial significación para nuestro propósito.

El primero de ellos no podía ser otro que Nazaret (La flor de Galilea) donde tuvo su ubicación el portentoso misterio del Verbo Encarnado. Dado que el hombre no podía convertirse en Dios, fue Dios quien se convirtió en hombre, para hacerse uno con él. Algo que sobrepasa toda expectativa humana. Una estrella de mármol con la inscripción "Verbum caro hic factum est" rememora el lugar donde se produjo el más grande acontecimiento de los siglos, ante el cual todo lo sucedido o que esté por suceder en la historia de los hombres tiene sólo un relativo interés. Recuerdo que cuando entré en este sagrado lugar me quedé durante unos minutos desconcertado repitiendo interiormente fue aquí, fue aquí, en este mismo lugar que yo ahora puedo abarcar extendiendo mis brazos. Aquí fue donde el Dios inconmensurable a quien tierra y cielos no puede contener, tomó forma humana haciéndose uno con nosotros. Un lugar y una fecha para delimitar al Dios infinito. Era un hecho. Dios entraba en nuestra historia y se convertía en la esperanza de todos los hombres. Lo infinito se entremezclaba con lo finito, el cielo se unía a la tierra, el tiempo se juntaba con la eternidad. Imposible de comprender. Imposible de pensar. La emoción que aquí se siente queda sellada para siempre con un respetuoso y elocuente silencio, porque ante lo inefable el más expresivo lenguaje es el del corazón. La mejor actitud ante el misterio es caer de rodillas y dejarse inundar por él.

El Mesías largamente deseado y esperado era concebido aquí en el seno de una Virgen con lo que se ponía fin al largo cautiverio de una humanidad caída. Había llegado la plenitud de los tiempos y se iniciaba la etapa de salvación. "Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su hijo nacido de mujer" y esta mujer resultó ser una sencilla doncella, que vivía en una humilde aldea de la baja Galilea, lugar insignificante, en ningún momento nombrado por la Biblia: pues bien en este lugar menospreciado y olvidado se encarnó el Verbo de Dios, en este lugar oscuro se manifestó la gloria de divina. Aquí fue donde surgió la luz que habría de iluminar a un mundo sumido en las tinieblas. Aquí se hizo realidad la gran promesa de Dios.

Los evangelios no nos lo dicen todo sobre Nazaret, el peregrino en este lugar percibe mensajes inéditos que hablan al corazón. Si es verdad como se dice, que Tierra Santa es el quinto evangelio, la Gruta de la Anunciación, representa uno de sus capítulos más emotivos y hermosos. En esta humilde gruta ubicada en el interior de la basílica que lleva su nombre, uno ha de sentirse forzosamente cerca de Dios porque nunca Dios estuvo tan cerca de los hombres.

- Alégrate María porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo.
- Y ¿cómo será si no conozco varón?
- El Espíritu santo vendrá sobre ti y la fuerza del altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
- Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.

Era la realización de la promesa mesiánica, que daba satisfacción cumplida a todas las esperas y esperanzas de la Humanidad. Se había consumado el portentoso misterio del desposorio de Dios con el hombre, algo que nos abruma, que nos rebasa. La esperanza cristiana es así; en su seno anida el rebasamiento que deja siempre cortas las expectativas humanas. La esperanza fuerte, como diría el filósofo Theodor Adorno, no respeta el culto a los límites. Vive fuera de las presiones de la inmanencia. Está habituada a saltar barreras y a empeñarse una y otra vez frente al Absoluto. Palabras como Redención, Encarnación, Resurrección, nos remiten a este carácter de rebasamiento de la esperanza. Siempre que hemos contemplado atónitos la escena de la anunciación en la Gruta de Nazaret, nos sentimos desbordados por la generosidad de nuestro Dios.

Continuando nuestro viaje por tierra de Jesús y de María, nuestra ruta particular de la esperanza señala dirección al Monte de las Bienaventuranzas. Cerca de la Gruta de la Anunciación donde hace unos momentos nos encontrábamos; en el triángulo formado por Nazaret Cafarnaún y Tiberiades está ubicada Tabga. Atravesando este pequeño rincón siempre verde, según dicen los que bien le conocen, y al otro lado de la carretera de Cafarnaún se llega a un rellano, que se extiende por una explana balconada a la falda de una pequeña colina de unos 200 metros sobre el nivel del mar. Este lugar tiene para mí una especial predilección, a él me fui acercando conteniendo el aliento como quien se acerca a un lugar sagrado, para mí lo era. Siempre me han seducido las cunas donde han tenido su origen las grandes corrientes de pensamiento, ahora me encontraba en el lugar preciso en el que se había producido la más grande revolución ético- espiritual de todos los tiempos, una revolución que después de 2000 años sigue siéndolo. En este sitio, alguien se atrevió a decir que la felicidad hay que buscarla por los caminos de la desdicha, la pobreza y el dolor.

Jesús acababa de bajar de la cima del monte en el que había estado orando durante toda la noche y en el rellano se encuentra con una gran muchedumbre. No es difícil imaginarse el escenario y el auditorio. Sobre la hierba de un prado permanentemente verde, se han ido agrupando multitud de gentes venidas de Tiro, Sidón, de Galilea, de Jerusalén de Transjordania. Niños, Mujeres cubiertas sus cabezas con pañuelos multicolores, hombres que habían abandonado momentaneamente sus faenas, para poder oír al Maestro o tal vez para acompañar a algún familiar paralítico, tarado, endemoniado, aquejado en fin de cualquier tipo de dolencia, en busca de que la ocasión fuera propicia y apareciera el milagro o al menos algún tipo de alivio para sus males, algo que les permitiera poder volver a sonreír. Jesús se interesa por sus vidas, les escucha, les mira fijamente a los ojos; pero no hay muestras de compasión en su rostro. Después de un breve silencio comienzan a salir de su boca palabras sublimes, que según cuenta Mateo dejaban asombradas a estas gentes y no era para menos. Jesús les está hablando de una nueva forma de vida que no se acomodaba en nada a las formas de pensar de entonces, ni de ningún tiempo. Les va descubriendo a estas gentes el nuevo estilo de vida que corresponde al Reino en confrontación abierta con la vigente situación social establecida. Era el mensaje propio de un inconformista de un rebelde que rompe con las falsas expectativas de del mundo para sustituirlas por un tipo de esperanza liberadora. Jamás se había oído cosa semejante. Es el momento que en el Monte de las Bienaventuranzas se está proclamando una radical transformación interior del hombre, paradójica, descarada, atrevida, sublime.

Desde aquel día en el que Jesús llamó dichosos a los desgraciados y desventurados a los ricos y poderosos las cosas cambiaron tan radicalmente en el mundo, que bien pudiera hablarse de un antes y un después. Estas gentes que esperaban oír de boca de Jesús unas palabras de compasión, se encontraron con alguien que les decía que los afortunados no son los que triunfan y los que lo tienen todo, sino los desheredados de la fortuna, los humildes, los que tienen un corazón limpio donde no cabe la violencia, el odio o la venganza. Cuando acabó de hablar se hizo un gran silencio y hubo gente que pensó que el Rebelde estaba loco ; pero en muchos corazones de los allí presentes comenzaba a renacer la esperanza, pensando que aún sin ser todavía dichosos podían llegar a serlo. Habían adivinado que las bienaventuranzas en boca de quien les hablaba no eran unas mentiras piadosas para animar y mantener en pie a los miserables y desdichados. Ni siquiera eran un bálsamo destinado a cicatrizar las heridas abiertas y sangrantes. Tampoco eran las virtudes de los débiles y derrotados, como en su momento llegó a pensar Nietszche. No, las bienaventuranzas del Reino representan la liberación del hombre a la que solamente pueden llegar los esforzados y valerosos seguidores de Jesús, son la Carta Magna del cristiano, la gran proclama programática del reino de Dios ; pero no sólo esto, para mi el Monte de las Bienaventuranzas es el lugar donde pueden ir a buscar esperanza los que carecen de ella. En este lugar es fácil comprender que la causa del oprimido es la causa de Dios. El eco de la voz de Jesús de Nazaret resuena todavía en este lugar, ella es la voz de los que no tienen voz, la esperanza de los que no tienen esperanza. Hacer realidad esta esperanza va a ser una gozosa revelación de su evangelio. En este Monte de las Bienaventuranzas como en el monte Moira, como en el Monte Calvario, se vuelve a hacer presente el rostro del Dios de la Esperanza, capaz de convertir el fracaso en triunfo. La esperanza que nos ha sido dada por los que carecen de ella, no tiene su fundamento en las certezas y seguridades intramundanas, sino en la confianza divina. Las bieneventuranzas no son flores que adornan el carro de los vencedores, sus promesas van más allá del realismo pragmático al que estamos acostumbrado. Siempre que el hombre ha aceptado la oferta que le hacía el realismo desengañado, ha caído en un tedio y un aburrimiento insoportables. Ahora bien no es cuestión sólo de entender el mensaje que Jesús quiso trasmitirnos en el Monte de las Bieneventuranzas, se trata de hacerle operativo, de llevarle a nuestra vida de cristianos, lo cual seguramente no va ser posible sin bajar a la palestra, sin mojarnos. La llamada que se nos hace, a vivir la esperanza en nuestro mundo, puede que nos exija abandonar nuestros refugios seguros y exponernos a dificultades y riesgos.

El peregrino antes de abandonar este sagrado lugar tapizado por el brillante verdor de la esperanza se siente impulsado a esparcir a bolea sus secretos deseos que sólo Dios y él conocen para que fructifiquen en este prado de eterna primavera.

Como fin y meta de nuestra ruta de la esperanza por Tierras de Jesús, nos espera Jerusalén, foco magnético donde se concentran las miradas religiosas de todo el mundo. La ciudad tres veces santa se levanta sobre unas colinas que ascienden de Sur a Norte y de Este a Oeste, tantas veces destruida y otras tantas edificadas, marco de acontecimientos de tanta magnitud que quien la visita, se siente transportado en el tiempo. No bien iniciada su ascensión el peregrino siente que se hacen realidad las palabras del salmista.

Que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor
Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén

La ciudad de la paz, llena de contrates y paradojas puede ser vista desde muchas perspectivas, pero para el cristiano es fundamentalmente el escenario de la pasión muerte y resurrección de Jesucristo.

El peregrino que desde muy pequeño aprendió a besar los pies del crucificado sabe bien la emoción que se experimenta al sentirnos en el lugar donde El murió y resucitó. Al traspasar las puertas de la basílica del Santo Sepulcro, el peregrino percibe que la atmósfera se espesa y se va haciendo grávida, al tiempo que se siente invadido por un fervor religioso raras veces experimentado. En este lugar, el más santo del mundo, la compasión y gozo se superponen tan rápidamente como corta es la distancia que separa el lugar de la crucifixión del sepulcro vacío. En un reducido espacio, se puede revivir el drama de los siglos en el que se dan cita lealtades y traiciones, amores y desamores, esperanzas y desesperanzas muerte y resurrección. ¿ Que les puedo yo decir ahora que no se haya dicho ya?

Para nuestro propósito este lugar representa el punto de apoyo definitivo de nuestra esperanza cristiana. Sin duda que Jesús en toda su existencia es portador de esta esperanza; pero es en el misterio pascual donde se revela plenamente. El fracaso aparente que supone la muerte y crucifixión de Cristo vuelve a poner a sus seguidores en situación de tener que esperar contra toda esperanza; pero por paradójico y escandaloso que pueda parecer, la cruz es el signo de la esperanza cristiana.

La teología de la esperanza siempre ha ido unida a la teología de la cruz entendida a la luz de una resurrección gloriosa. Decir que en el misterio pascual es donde aflora el sentido último de la de la esperanza cristiana resulta ser una obviedad. La resurrección no significa sólo el triunfo de Cristo también significa el triunfo del hombre. La tumba vacía, que el peregrino puede visitar con gran emoción, habla de muchas cosas, pero fundamentalmente nos lanza el mensaje de que la muerte no es el final del hombre, que no estamos suspendidos en la nada, sino que en Jesucristo resucitado encontramos el fundamento de un futuro de esperanza escatológica plena y universal. Lo mejor que podía suceder al hombre es que su suerte quedara unida a la de Cristo, porque de esta forma nuestra esperanza es la del Crucificado que apunta a vivir en plenitud una eternidad con Dios. Cristo nuestra esperanza, justifica también nuestro optimismo cristiano.

Llegados a este punto es oportuno hacer notar el naufragio de la cultura occidental por falta de esperanza escatológica fundada en Cristo muerto y resucitado. El olvido de toda trascendencia está llevando al hombre de hoy a instalarse en la mera provisionalidad del "carpe diem", sobreviviendo como puede, en un presente existencial, en el que no se contempla ningún atisbo de esperanza duradera y todo en nombre de una objetividad pragmática y desengañada. Se equivoca no obstante, porque lo que está haciendo es escamotear el verdadero sentido a su propia existencia. Esto es algo que en ocasiones se hace patente de forma inapelable. Este hombre tan autosuficiente, tan realista, tan desengañado, cuando ve que todo lo humano se derrumba a su alrededor se queda sin palabras. Ninguna de las utopías humanas ha hecho desaparecer la esperanza cristiana, ésta sigue siendo fuente de alegría, mientras que aquellas acaban frecuentemente engendrando un sentimiento de fracaso. Cierto es que la condición limitada del hombre no le permite llegar por sí mismo a esta plenitud supranatural; pero sí tenemos la certeza de poderla recibir como un don y si alguien nos pregunta cual es el fundamento de nuestra certeza, nosotros, los cristianos podemos responder con una sola palabra: Jesucristo


TIERRA SANTA XXXII - Gastronomía Israelí: Un placer milenario

Autor: Oficina Nacional Israelí de Turismo | Fuente: www.turisrael.com
Gastronomía Israelí: Un placer milenario
La existencia de una extensa variedad gastronómica en un país pequeño, hacen que la moderna cocina israelí sea especial y muy interesante
Gastronomía Israelí: Un placer milenario
Gastronomía Israelí: Un placer milenario
La cocina israelí (aunque hay quién prefiere decir "las cocinas" en plural), es única y sorprendente, debido a las distintas influencias culturales que la componen. Todas estas influencias marroquíes, yemenitas, rusas, árabes, polacas- y la existencia de una extensa variedad gastronómica en un país pequeño, hacen que la moderna cocina israelí sea especial y muy interesante.


Exquisitos entrantes

El primer plato nos muestra que los israelíes - judíos y árabes por igual- son los maestros indiscutibles del arte de los entrantes. Basándose eclécticamente en las tradiciones culinarias de Africa del Norte, las naciones musulmanas del Oriente Medio y los países europeos de la cuenca del Mediterráneo, los israelíes se han ganado renombre por servir entradas que, además de sus generosas proporciones, ofrecen el contraste justo entre texturas, aromas y sabores para transformar la comida más sencilla en un verdadero festín.

Tan importantes son esos primeros platos -o "mezes", como se los llama en la región- para el éxito de una comida, que se suele juzgar a un restaurante por la calidad y surtido de los platos que ofrecen para comenzar una comida.Los "mezes" más básicos contienen "jumus" (puré de garbanzos con aceite de oliva y condimentos), "tejina" (pasta de semillas de sésamo molidas, aceite de sésamo y condimentos), "lábane" (queso levemente agrio hecho con yoghurt), una variedad de aceitunas y pickles, una ensalada de berenjenas (existen por lo menos tres clases) y dos o más tipos de ensaladas y salsas picantes. Primeros platos un poco más sofisticados pueden incluir también por lo menos una especie de pescado en escabeche, una ensalada mixta, hojas de parra rellenas y otras especialidades de la casa.

Naturalmente, a nadie se le ocurriría servir estos "mezes" sin el acompañamiento de panes "pita" o "lefa" calientes, el alimento básico en la región desde hace más de 1.500 años.


El pescado de San Pedro

Antes de que su nombre y su destino cambiasen para siempre tras su encuentro con Jesús el Nazareno, San Pedro era un pescador llamado Simón, que trabajaba en el Mar de Galilea. En aquel entonces, el pescado de agua dulce más popular era el que se conoce hoy en Israel como "Pez de San Pedro". Este pescado de agua dulce, de carne firme y algo grasosa, tenía la reputación de ser sabroso pero no particularmente sofisticado.La carne de este pescado, de un color grisáceo, no era muy agradable a la vista. Hace algunos años, un biólogo a cargo del laboratorio de piscicultura del kibutz Nir David, decidió cambiarle el color. Su plan fue un éxito y el kibutz consiguió una variedad de exquisito color naranja-rojizo, con un mínimo de grasas y un mejor sabor.

El pescado de San Pedro se exporta en la actualidad a Italia, Francia, Estados Unidos y Japón. En Israel, según la tradición, se fríe en aceite hirviendo, o se asa a la parrilla, después de haberle salpimentado.


Comiendo a la romana

Y hablando de la historia del Siglo I, cuando el alimento básico eran las leguminosas y los lácteos, se comía carne y pescado sólo en las fiestas, y el vino se bebía diluido en agua (solamente vino tinto, ya que el blanco o el rosado no existían), cabe saber que hay en Jerusalén un restaurante de estilo romano, donde los comensales se sientan en un "triclinio" (conjunto de tres mesas en forma de "U"), comen platos basados en recetas de la época y el aire acondicionado es reemplezado por "esclavos" que agitan una especie de abanicos de plumas en la punta de una vara. Se permite beber el vino sin aguarlo.


El fast-food israelí

Israel no ha escapado a la invasión mundial de los MacDonald, Pizza Hut, Burger King, KFC, y otras marcas internacionales de comidas rápidas, pero hay comida rápida de tradición local.

La comida rápida del Medio Oriente no ha perdido nunca su popularidad. De hecho, muchos de los alimentos servidos hace cinco milenios continúan siendo ofrecidos hoy en día en casi todas las ciudades y poblaciones de Israel, en los puestos callejeros:

El "Shawarma", delgadas lonchas de sabrosa carne de cordero sazonada, que gira en un espeto vertical frente al fuego.

El "Shishlik", trozos de carne de cordero o vacuno ensartados en un pincho de madera o metal y asados al carbón.

El "Falafel", bolitas fritas y picantes de garbanzos machacados.

El "Sambursak", una empanada rellena de pasta de garbanzos con cebolla.

La "Shakshuka", huevos cocinados en una condimentada mezcla de tomates, cebolla y ajo.

Todos ellos forman parte del escenario urbano israelí de hoy, tal como lo hacían miles de años atrás. Las recetas pueden haberse modificado algo con el paso del tiempo, pero los sabores básicos son esencialmente los mismos.

La forma más peculiar de ingerir estos alimentos ha permanecido inmutable, y casi todas las variedades de comida rápida son preparadas en un sandwich, usando el pan árabe denominado "pita". Los orígenes de la pita son más bien mundanos: los árabes, judíos, turcos, griegos y armenios la han comido de una manera u otra desde tiempos inmemoriales.

En su forma más sencilla, la pita es un pan redondo y chato horneado, hueco al ser cortado, lo que lo vuelve ideal para rellenarlo y preparar una gama casi infinita de sandwiches, como así también para sumergirlo en una gran variedad de salsas y ensaladas.

También es popular el pan sirio-kurdo llamado "lafa", que es una especia de delgada hoja de masa, que permite prácticamente envolver el contenido del sandwich en el pan, como si se tratara de papel.


Un plato original de Jerusalén

Pero si la mayoría de los platos fueron traídos de diferentes países, y en especial del Medio Oriente, hay uno que surgió en Jerusalén, ya después de la creación del Estado de Israel: "Meurav Yerushalmi" es su nombre, que quiere decir literalmente "Mezcla de Jerusalén".

Aunque nacida en el mercado Mahane Yehuda de la capital israelí, esta combinación de carnes de pollo, cebollas y especias orientales dorada sobre una plancha caliente, puede comprarse en todo Israel. Incluye la parte blanca y la más oscura del pollo, en delgadas láminas, además de corazón, hígado y bazo de pollo.


Y una herejía de Tel Aviv

Cuando los amantes de la buena mesa se enteraron que en el barrio Hatikva de Tel Aviv se estaba cometiendo la herejía culinaria de asar genuino "foie gras" de oca en un pincho, casi se desmayaron. ¿Es que los israelíes son salvajes de la gastronomía? Había que averiguarlo, y luego de degustar esos pinchos incivilizados, simplemente... pidieron una segunda ración. Pues bien, es cierto, en Israel se asa el foie gras sobre fuego directo (y ahora ya no sólo en Tel Aviv), y es magnífico. Israel es el tercer exportador de foie gras del mundo, después de Francia y Hungría.


Una mezcla internacional

El "Cuscus" marroquí y tunecino, el "Maláuaj" yemenita, el "Borscht" ruso, el "Mansaf" árabe, el pescado relleno al estilo judeo-polaco, se consideran ya miembros de la o las cocinas israelíes, y conviven con el simple bistec con ensalada, las "Kishes" a la francesa y otros platos de la cocina internacional.

Por supuesto que hay restaurantes con cocina de otros países, y quién busque "Sushi" japonés o mariscos, los encontrará.


¿Alguien quiere "Cuisine"?

Sí señor, hay también "cuisine" israelí, es decir que los chefs de hoteles y restaurantes, han creado sus propios platos, generalmente basados en los métodos franco-suizos de cocinar, pero utilizando los productos locales. Así surgieron platos de aguacates, naranjas y otros cítricos, pavo, pollo, cordero y pescado, todo sin utilizar nunca mariscos ni cerdo, prohibidos por las leyes de dietética religiosa judía. Y algunos helados originales, como el helado de "halva" (esa especie de turrón de sésamo de orígen turco), o el helado de aguacate con nueces, o las innumerables variedades de tarta de queso blanco.

Y en la sección de panadería y bollería, la variedad es interminable, mezclando las tradiciones alemana, suiza, francesa, turca, marroquí y estadounidense. ¡A chuparse los dedos!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

TIERRA SANTA XXXI - Peregrinar por santos lugares

Autor: J. Antonio Doménech Corral | Fuente: www.periodismocatolico.com
Peregrinar por santos lugares
Para salvar la economía de los Santos Lugares y ayudar a los cristianos palestinos cuya principal fuente de ingresos la constituye el turismo religioso
Peregrinar por santos lugares
Peregrinar por santos lugares

Aprovechemos las vacaciones, cuya temporada ya se inicia, para mostrar nuestra solidaridad con los hermanos cristianos palestinos cuya fuente principal de ingresos la constituye el turismo religioso. Lo recomienda además el Papa para salvar la economía de los Santos Lugares.

Judíos y palestinos son dos pueblos descendientes de los hijos del Abraham de la Biblia. Y ante la realidad de extrema violencia que viene azotando a las dos familias hermanas en las últimas décadas, sólo Dios entiende las complicadas razones que les imposibilita dar el paso definitivo hacia una solución política a sus justas pretensiones, restableciendo entre ellos la concordia de un pasado no lejano. Porque es inconcebible que, a pesar de lo dispuesto por Naciones Unidas en noviembre de 1947 -dividirse y ocupar los territorios de la antigua Palestina- mientras los judíos se apresuraron a organizarse constituyendo el Estado de Israel a los pocos meses, los palestinos se encuentran todavía sin el suyo y en situación peor a la de 56 años atrás. Sufriendo una humillante política colonialista hebrea en su propio territorio, con más de 60 mil casas arrasadas, 8 mil talleres destruidos, 7 mil personas apresadas y 3 mil muertas, sólo en los últimos cuatro años. Además de tener que soportar el recién levantado muro que les cerca toda la frontera de Gaza y divide Cisjordania, impidiendo a sus habitantes el acceso al agua, tierras de cultivo, escuelas y hospitales. Claro que, todo esto resultó fácil llevarlo a cabo al gobierno judío con el constante apoyo del presidente Bush que internacionalmente los disculpa con un frívolo: “Israel tiene derecho a defenderse”.

Sin embargo, a pesar del papel de víctima que en esta tragedia parece tocarle interpretar al pueblo palestino, nada le ayuda ni justifica que para defenderse, al no contar con un ejército potente y organizado, recurra a organizaciones como Al Qaeda, Hezbolá, Hamas, Yihad, Fath-Intifada, con sus bombas humanas y brigadas de mártires. Si quieren conseguir su nación, disfrutar su tierra y vivir en paz, deben renunciar al terrorismo.

Yo lo siento por los dos pueblos bíblicos; pero especialmente por la situación inhumana que les toca vivir a los palestinos, cristianos y musulmanes, en Tierra Santa. “Un pueblo demolido luego de tres años de guerras. Sin desarrollo económico, sin normalidad alguna en la vida diaria, teniendo que vivir recluidos en las casas como si estuvieran en prisión, con más del 50% de la población en paro. Pero es que Israel teme a Palestina cuya población ha crecido un 20% y cuenta con un millón de palestinos viviendo dentro de su Estado”. Este es el testimonio que ha ido transmitiendo en estos días pasados el Patriarca de Jerusalén, Michael Sabbah, de visita por España impartiendo conferencias y entrevistándose con obispos. Sin duda buscando promocionar entre nosotros lo que tiene ya conseguido de las diócesis italianas y denominan “plan Marshall de peregrinaciones a Tierra Santa”. Para salvar la economía de los Santos Lugares y ayudar a los cristianos palestinos cuya principal fuente de ingresos la constituye el turismo religioso.

Unas peregrinaciones necesarias para mostrar nuestra solidaridad con ellos, como ha recomendado Juan Pablo II en un discurso reciente a la asamblea general de la Conferencia Episcopal Italiana. Y que a su término permite además, en la temporada de vacaciones que se abre, el disfrute de unos días de descanso y actividades náuticas a orillas del mar de Galilea, alojándose en cualquiera de los magníficos edificios de apartamentos u hoteles que se levantan en su costa. “No hay que tener miedo” -dicen los franciscanos, custodios de los Santos Lugares y especialistas en organizar estas peregrinaciones con los recorridos más estudiados y seguros- “Nunca ha ocurrido percance alguno a los peregrinos que han ido a Tierra Santa”.